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Dos y cinco

28 enero, 2013, Comentarios desactivados

Dígitos que componen el destino, se hallan tan desorbitados que ni la paciencia de la mente les logra entender. Dos, son los números, y cinco, los pensamientos que me invadieron. Entre penumbra y realidad, una de las flores crece estirando su tallo al viento. Sus débiles ramificaciones, incitan a pensar en el desarrollo, cómo de frágil ha de ser éste pero tan preciso como para potenciar la existencia. Con previa tregua al desvanecimiento, solo una de las fortuitas batallas en la Historia, se alza sobre ese campo, fina textura la que dictamina su rancho. Troncos de roble desplegándose sobre la tierra, infinitas las redes que hospeda la corteza en su guerra. Cuando la vida empezó, solo era una ligera extensión en una raíz ya consolidada de antemano. Cuando ella llegó, indemne conquista la que me envolvió, suplicando por aquel clamor. Hasta una diminuta especie puede expandir su riqueza y entereza, nada más trata de buscar una pareja de agrado. El orgullo, se presenta en doble, cumple su papel de recordar la apertura de un nuevo mundo por conocer, y nada más gratificante que un pozo de vida tan lejos de desaparecer. El vacío, ligado está a la figura de la que tomamos prestada su mano. Somos caldo en un recipiente, fuego líquido consciente, de que muchas son las tareas que emprender, pero todas pasan por una actitud que empieza por la fecha que marque un número. Y el veinticinco, me recuerda al mío. Valiente caballero, que habiendo plantado cara a sus miedos con empujar su corazón al vacío, conoció a su destino. Ahora, pertenece al pasado, aquello que de nosotros más se separa, todavía me repara. Recuerda mi número 25.

Colaborador: Sergio Paredes, ex-alumno de Centro de estudios CEI (ahora estudiante de Psicología en UM)

 

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